Friday, October 19, 2012

Golpe de Estado secreto en China

Golpe de Estado secreto en China
El enfrentamiento interno complica al gigante asiático, pero da una leve esperanza a los perseguidos por el régimen, que no son pocos.
Por Gerardo De la Concha
La Razón
26 de marzo de 2012 01:07

Boletín de Prensa 00940
Solidaridad Internacional en Contra de la Guerra
26 de Marzo de 2012

En las últimas semanas se ha librado una dura lucha en el seno de la élite de poder en China. De hecho, se puede hablar de que ha sucedido un golpe de Estado secreto, dirigido contra la facción del anterior presidente Jiang Zemin, para privilegiar así a futuro el ascenso de una facción reformista encabezada por el vicepresidente Xi Jinping, a quien preparan como sucesor de Hu Jintao.

El actual conflicto se origina con el intento de deserción de Wan Lijun —ex jefe de policía de Chongqing— quien quiso asilarse en febrero de este año en el consulado estadounidense, entregando documentos incriminatorios contra Bo Xilai, alto dirigente del Partido Comunista Chino (PCCH), jefe político en dicha megalópolis —que era parte de la provincia de Sichuan— y miembro connotado del grupo de Shangai, cuyo dirigente máximo es precisamente Jiang Zemin.

Para entender el poder detentado por Bo Xilai basta y sobra señalar que estuvieron bajo su jurisdicción —como alcalde primero y luego como presidente del Comité de Asuntos Políticos y Legislativos del PCCH—, los campos de trabajo forzado de Masanjia, Dalun, Zhangshi y Longshan, pertenecientes al olvidado Gulag chino; esto lo llevó a ser ministro de Comercio, quizás por el mérito de poder exportar en forma encubierta productos realizados con mano de obra esclava.

Bo Xilai es reconocido por sus crímenes contra la humanidad. Ha sido juzgado en 14 tribunales de 13 países, en particular por haber organizado el tráfico de órganos con prisioneros practicantes del movimiento espiritual Falun Gong. De hecho, este antecedente había sido ya utilizado por el grupo de Hu Jintao para frenar su ascenso a otros puestos.

Wan Lijun —incriminado en este momento por vínculos con la mafia— denunció los planes de Bo Xilai para llevar a cabo un golpe de Estado contra Xi Jinping, con el pretexto de cerrar el paso a quienes quieren transitar de manera completa hacia el modelo capitalista. De hecho, este jerarca había mandado investigar presuntos actos de corrupción de Xi Jinping y del propio presidente Hu Jintao —provenientes ambos de organizaciones juveniles comunistas— con el propósito de usarlos en su contra. Mientras tanto llevaba a cabo una campaña denominada “Cantar lo rojo y golpear lo negro”, muy al estilo maoísta.

Por eso Wan Jinbao, el más liberal del grupo de Pekín de Hu Jintao, denunció recientemente el riesgo de que renazca en China una nueva “revolución cultural”. Su propuesta consiste en realizar reformas políticas que eviten un estallido social. Y es que, al margen de sus pugnas internas, en la élite china hay un temor cierto que la desaceleración económica y las enormes diferencias sociales, provoquen inestabilidad en la sociedad china con efectos desastrosos para el régimen.

Es claro que la facción de Hu Jintao está optando por pasar —en la siguiente etapa, con el ascenso al poder de Xi Jinping—, de las reformas económicas a un esquema de reformas políticas controladas, que modernicen al régimen. Por el contrario, la facción de Jiang Zemin tiene como su apuesta fortalecer el régimen autoritario, encabezando un esquema populista de raigambre maoísta.

En este enfrentamiento el tema de los crímenes contra la humanidad puede ser utilizado por la facción reformista contra el grupo de Jiang Zemin, el cual tiene muchas culpas que pagar en este aspecto.

En este momento, la severa censura en Internet dentro de China se ha relajado para los temas de la matanza de Tiananmen y el movimiento espiritual Falun Gong, como una señal muy clara dirigida a la facción de Jiang Zemin de que, en efecto, sus crímenes pueden ser usados en su contra.

Bo Xilai, destituido de sus cargos, se encuentra actualmente bajo arresto domiciliario, aunque el 23 de marzo la televisión china lo mostró en un extraño encuentro con el ministro de Política Exterior de Malasia. Al parecer se quiere evitar trascienda públicamente esta pugna, aunque la caída de Zhou Yong Kang, el terrible jefe de la policía política china, ya no puede ocultar que la lucha de facciones se está librando de cara al decisivo congreso del PCCH en octubre de este año.

Por supuesto, los internautas chinos, expectantes de a dónde puede llevar el ajuste de cuentas en la élite dominante, bromean sobre el próximo Congreso Comunista, al que llaman el “desfile de modas de Pekín”, aludiendo a la exhibición de riqueza que muestran los delegados y jerarcas del partido.

Lo cierto es que las cosas se complican en el gigante asiático y una leve esperanza se abre para los perseguidos por el régimen, si el ala reformista decide lavar la cara y utilizar su causa para golpear a sus adversarios, los duros del sistema.

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